Ilustración basada en una fotografía de Eric HOUDAS (CC BY-SA 3.0), vía Wikimedia Commons.
Cromo Nº 025
Pedro Delgado
Conocido como Perico, este segoviano escaló hasta lo más alto del podio en París y se convirtió en la voz de las retransmisiones ciclistas tras su retirada.
- Deporte
- Ciclismo
- Nacimiento
- Segovia, 15 de abril de 1960
- Época
- 1982-1994
- Títulos clave
- Tour 1988, 2 Vueltas
Un despiste en Luxemburgo
El 1 de julio de 1989, la rampa de salida del prólogo del Tour de Francia en la ciudad de Luxemburgo estaba vacía. Faltaba el dorsal número uno, el ganador de la edición anterior, el hombre que centraba todas las miradas. Pedro Delgado se encontraba calentando por los alrededores, completamente despistado por culpa de un reloj de propaganda bancaria. La esfera carecía de marcas precisas para los minutos, lo que provocó una tremenda confusión en su cálculo del tiempo. Fue un desastre. Llegó al punto de partida con dos minutos y cuarenta segundos de retraso respecto a su hora oficial. Cualquier otro corredor se habría hundido anímicamente ante semejante losa temporal.
La desgracia no terminó ahí. Al día siguiente, durante la contrarreloj por equipos, su escuadra cedió otros cuatro minutos y medio porque Delgado, exhausto por el estrés y el esfuerzo de la víspera, sufrió una pájara monumental y no pudo seguir el ritmo de sus compañeros. A pesar de verse a más de siete minutos del liderato en la segunda etapa, asumió el error con entereza, apretó los dientes durante las tres semanas siguientes, protagonizó una remontada espectacular en las etapas de montaña y terminó tercero en la clasificación general de París, a escasa distancia del vencedor Greg LeMond. Esta escena define a la perfección su carácter combativo frente a la adversidad.
Los primeros pedaleos del segoviano
Nació en Segovia el 15 de abril de 1960. Comenzó a participar en diversas competiciones a los quince años de edad, logrando cerca de una treintena de victorias antes de pasar a la categoría de aficionados en 1978. Durante su juventud, compaginó los duros entrenamientos por las frías carreteras de Castilla con sus estudios de enfermería y el servicio militar obligatorio. Estas obligaciones retrasaron su salto al profesionalismo hasta 1982, año en el que debutó de forma oficial con los colores del equipo navarro Reynolds. En esa época, el ciclismo español necesitaba de forma urgente referentes capaces de brillar más allá de las fronteras nacionales, especialmente tras varias temporadas de marcada sequía en las grandes rondas por etapas europeas.
Su irrupción en el pelotón fue meteórica. En su primer año ya disputó la Vuelta a España trabajando como gregario de lujo para Ángel Arroyo. Al año siguiente, en 1983, la estructura de José Miguel Echávarri decidió llevarlo al Tour de Francia. Allí, siendo un debutante casi desconocido para la prensa extranjera, llegó a marchar segundo en la clasificación general. Una crisis física tremenda en la etapa con final en Morzine le hizo perder todas sus opciones de podio, pero dejó claro que tenía el talento necesario para pelear de tú a tú con los mejores en la alta montaña. Era un escalador puro. Su pedaleo ágil, su facilidad para cambiar de ritmo en rampas de doble dígito y sus ataques lejanos levantaban al público de sus asientos.
La conquista de las cumbres
Antes de triunfar, conoció el sabor de la derrota cruel. En la Vuelta a España de 1984, vistió el maillot amarillo hasta que una fatídica caída en la última contrarreloj le privó de subir al podio final. La primera gran victoria de su carrera profesional llegó un año después, en la Vuelta a España de 1985, defendiendo el maillot del equipo Seat-Orbea. Su ataque en la bajada del puerto de Navacerrada, bajo una lluvia persistente y aliado con el corredor español José Recio, le permitió arrebatar el liderato al escocés Robert Millar en el penúltimo día de carrera. Fue una maniobra táctica brillante ejecutada a pocos kilómetros de su casa, ante miles de paisanos que abarrotaban las cunetas.
El camino hacia la gloria francesa tuvo episodios amargos. En 1987 libró una batalla épica contra el irlandés Stephen Roche. Las imágenes de Delgado sufriendo en la ascensión a La Plagne, intentando mantener el maillot amarillo, forman parte de la memoria colectiva del deporte. Perdió el liderato en la contrarreloj final de Dijon y terminó segundo, pero esa derrota sentó las bases de su mayor éxito.
El cénit de su trayectoria deportiva ocurrió en julio de 1988. Delgado dominó el Tour de Francia con una autoridad aplastante. Ganó la contrarreloj de Villard-de-Lans y controló la carrera a su antojo en la montaña. Vistió el codiciado maillot amarillo en los Campos Elíseos de París, desatando la euforia en España. Las calles de las ciudades se vaciaban literalmente durante las sobremesas veraniegas para ver sus arrancadas en los Alpes y los Pirineos. Hubo una enorme controversia por un control antidopaje que detectó probenecid, pero el segoviano fue absuelto de inmediato porque dicha sustancia no figuraba en la lista de productos prohibidos por la Unión Ciclista Internacional en aquel momento.
En 1989 repitió victoria en la Vuelta a España, consolidando su posición como líder indiscutible de la estructura Reynolds, que pronto pasaría a llamarse Banesto. En ese mismo equipo comenzó a despuntar un joven y espigado ciclista navarro llamado Miguel Induráin, quien tomó el relevo natural de Delgado como gran dominador del pelotón internacional a principios de los años noventa.
El ocaso de un ídolo
La transición hacia su retirada fue gradual y elegante. A partir de 1991, aceptó con total profesionalidad su nuevo rol dentro del equipo Banesto. Se convirtió en el escudero perfecto de Induráin en el Tour de Francia, protegiendo al navarro en las etapas de montaña y aportando su inmensa experiencia táctica. A pesar de trabajar para otro corredor, todavía tuvo fuerzas para firmar actuaciones memorables por cuenta propia, logrando subir al podio de la Vuelta a España en 1992 y 1994.
Su última temporada como profesional estuvo marcada por el cariño del público. Cada carrera en la que participaba se convertía en un homenaje improvisado. Colgó la bicicleta de forma definitiva al finalizar la temporada 1994, dejando tras de sí un vacío inmenso en el pelotón, pero con la satisfacción de haber cambiado para siempre la relación de su país con este duro deporte.
Un palmarés para la historia
Los números de su etapa profesional, que se extendió desde 1982 hasta 1994, reflejan una enorme regularidad en las carreras de tres semanas. Logró clasificarse entre los diez primeros en dieciocho de las veintidós grandes rondas que logró terminar.
| Competición | Año | Resultado |
|---|---|---|
| Tour de Francia | 1988 | 1º |
| Tour de Francia | 1987 | 2º |
| Tour de Francia | 1989 | 3º |
| Vuelta a España | 1985 | 1º |
| Vuelta a España | 1989 | 1º |
| Vuelta a España | 1990 | 2º |
La voz de las sobremesas de julio
Perico Delgado es una figura legendaria porque no corría con una calculadora instalada en el manillar. Atacaba cuando el cuerpo se lo pedía, guiado por puro instinto. A veces ganaba de forma heroica y otras veces perdía minutos valiosos por arriesgar demasiado, pero siempre ofrecía un espectáculo vibrante a los aficionados.
Si te sientas frente al televisor una calurosa tarde de julio, su inconfundible timbre de voz te resultará familiar al instante. Tras colgar la bicicleta, pasó a ejercer como comentarista principal en las retransmisiones de RTVE a partir de 1995. Formó una pareja histórica con el periodista Carlos de Andrés, acompañando a los espectadores durante más de veinticinco años en cada subida a cimas míticas como el Tourmalet, el Alpe d’Huez o el Angliru.
Su forma de explicar la carrera, cercana, didáctica y salpicada de anécdotas personales, acercó la dureza del pedal a nuevas generaciones que jamás le vieron dar una pedalada en directo. Vio ganar a corredores de estilos muy diferentes, comentando las hazañas de figuras recientes como Alberto Contador con la misma pasión desbordante que sentía cuando él mismo rompía el grupo de favoritos. Su legado trasciende por completo las estadísticas y los trofeos acumulados en las vitrinas. ¿Habrá algún día en el pelotón otro corredor capaz de dejarse casi tres minutos por un simple despiste en el kilómetro cero y acabar sonriendo relajado en el podio final de París?
Preguntas frecuentes
¿Cuántos Tour de Francia ganó Pedro Delgado?
Pedro Delgado ganó un único Tour de Francia en el año 1988. También subió al podio en otras dos ocasiones, terminando segundo en 1987 y tercero en 1989.
¿En qué equipos corrió Perico Delgado durante su carrera?
A lo largo de su trayectoria profesional entre 1982 y 1994, militó en las filas del Reynolds, el Seat-Orbea, el PDM holandés y, finalmente, la estructura de Reynolds que posteriormente pasó a llamarse Banesto.
¿Por qué llegó tarde a la salida del Tour de 1989?
Se despistó durante el calentamiento previo al prólogo en Luxemburgo. Utilizaba un reloj promocional que no marcaba los minutos con claridad, lo que le llevó a presentarse en la rampa de salida con dos minutos y cuarenta segundos de retraso.
¿Cuándo empezó a trabajar como comentarista en televisión?
Poco después de retirarse del ciclismo profesional en 1994, se incorporó a las retransmisiones de RTVE en 1995. Desde el año 2000 forma pareja televisiva con Carlos de Andrés en las grandes vueltas por etapas, tras el fallecimiento de Pedro González.
¿De dónde es originario Pedro Delgado?
Nació el 15 de abril de 1960 en Segovia, ciudad donde creció y comenzó a dar sus primeros pedaleos antes de dar el salto definitivo al profesionalismo.