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Edición 2026 · Vol. I
Sección 07

Balonmano español: los Hispanos, las Guerreras y sus títulos

Dos mundiales masculinos y medallas olímpicas tanto masculinas como femeninas avalan una trayectoria de éxitos continuados. El parqué europeo también tiene acento ibérico gracias al dominio arrollador de los clubes.

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Los inicios y la eclosión del balonmano español

El 6 de febrero de 2005, el pabellón 7 de Noviembre de Radés enmudece por un instante. Mateo Garralda toma el balón, finta a la defensa croata y lanza un misil que revienta la red. España gana 40-34 a Croacia. Ese pitido final en Túnez desata la euforia de un grupo de jugadores que cambian para siempre la historia del balonmano español. Antes de esa tarde, el equipo nacional acumulaba metales de bronce y plata, pero faltaba el oro absoluto. El balonmano español, hasta entonces acostumbrado a las plazas menores del podio, tocaba el cielo por primera vez y rompía un techo de cristal psicológico que ahogaba a las generaciones pasadas.

Para entender esa victoria hay que mirar a la década de los noventa y al trabajo pionero de figuras como Domingo Bárcenas en los años setenta. La transición del balonmano a once sobre campos de fútbol hacia el formato actual de siete jugadores en pista cubierta requiere tiempo. La creación de la Liga Asobal en 1990 profesionaliza la competición doméstica de un plumazo. Los pabellones se llenan. El Teka Cantabria levanta la Copa de Europa en 1994 jugando como local en el mítico Pabellón de La Albericia, con Talant Dujshebaev repartiendo magia. Un año después, el Elgorriaga Bidasoa repite la hazaña continental de la mano de Juantxo Villarreal. La liga nacional se convierte en la más dura de Europa. Si repasas las plantillas de aquellos años, encuentras a los mejores extranjeros compartiendo vestuario con una generación local que pierde el complejo de inferioridad.

Ese gen competitivo cristaliza en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Bajo la dirección del carismático Juan de Dios Román, España consigue su primera medalla olímpica. Un bronce sufrido ante Francia (27-25) marca el camino a seguir. Jugadores como Iñaki Urdangarin, Enric Masip y Alberto Urdiales asumen el liderazgo en la pista. La selección deja de ser un equipo simpático que cae sistemáticamente en los cruces de cuartos de final para transformarse en un bloque temible, capaz de mirar a los ojos a las potencias escandinavas y balcánicas.

Túnez 2005: el primer Mundial de los Hispanos

El oro de Túnez no entra en los planes lógicos de la directiva federativa. Juan Carlos Pastor asume el cargo de seleccionador apenas unas semanas antes de arrancar el torneo, compaginando el puesto con su trabajo en el banquillo del Balonmano Valladolid. El equipo viaja con dudas. El sistema de juego, basado en una circulación de balón rapidísima y cruces continuos, se ajusta sobre la marcha durante los entrenamientos en el país norteafricano. Superan una semifinal agónica contra la anfitriona Túnez, silenciando a un pabellón hostil.

La química de aquel grupo resulta letal. David Barrufet y José Javier Hombrados blindan la portería con paradas inverosímiles. En la primera línea, un joven Raúl Entrerríos empieza a mostrar la visión periférica que le permite sumar 294 internacionalidades absolutas durante su carrera. Su hermano Alberto Entrerríos e Iker Romero castigan las defensas rivales con misiles desde los nueve metros. Albert Rocas vuela desde el extremo derecho, asegurando un porcentaje de acierto impecable.

La final contra Croacia supone una exhibición ofensiva difícil de igualar. Anotar 40 goles en un partido por el título frente a la vigente campeona olímpica resulta un abuso deportivo. España domina el ritmo del choque de principio a fin. Juanín García corre el contraataque con una precisión milimétrica, castigando cada pérdida del rival. La defensa croata, famosa por su dureza física al borde del reglamento, se desmorona ante la velocidad del balón ibérico. Este campeonato consolida el apodo de los Hispanos y sitúa la exigencia mínima en la medalla de oro para todas las convocatorias futuras.

Barcelona 2013, campeones al amparo del Palau

Ocho años después de la gesta africana, España organiza el Campeonato del Mundo de 2013. Valero Rivera, el técnico que firma el ciclo más glorioso del Barcelona en la década de los noventa, dirige a la escuadra nacional. La presión de jugar en casa destruye a muchos equipos, paralizando piernas y nublando la toma de decisiones. España, por el contrario, la utiliza como combustible inagotable. El camino hacia la final exige superar unos cuartos de final durísimos contra Alemania (28-24), donde el equipo saca a relucir su gen de supervivencia.

El 27 de enero de 2013, el Palau Sant Jordi de Barcelona acoge a unos 14.000 espectadores para presenciar la final. El rival es Dinamarca, vigente campeona de Europa y clara favorita en todas las proyecciones deportivas. Lo que ocurre sobre la pista azul catalana escapa a toda lógica. España tritura a los daneses con un marcador escandaloso de 35-19. Una diferencia de 16 goles en una final mundialista constituye una anomalía estadística humillante para el perdedor.

Arpad Sterbik firma una actuación antológica bajo los palos, amargando la tarde a Mikkel Hansen. Joan Cañellas desborda constantemente con su finta de pase. Víctor Tomás martillea desde su esquina habitual. Julen Aguinagalde se hace dueño absoluto de los seis metros, girando sobre sus pesados defensores con una facilidad insultante. Viran Morros y Gedeón Guardiola levantan un muro infranqueable de carne y hueso en el centro de la defensa. El balonmano español exhibe una superioridad táctica apabullante ante el músculo nórdico. Es el triunfo absoluto del sistema, del estudio milimétrico del rival en las sesiones de vídeo y de la paciencia en el ataque posicional.

Los Europeos de 2018 y 2020: la hegemonía continental

El Campeonato de Europa es el torneo más exigente del calendario internacional por la densidad de talento. No hay partidos de trámite en la fase de grupos; cualquier tropiezo te envía a casa. Históricamente, a España se le atraganta esta competición. Colecciona medallas de plata (1996, 1998, 2006, 2016) sufriendo derrotas dolorosas en los últimos instantes, hasta que Jordi Ribera toma el mando del banquillo.

Ribera impone un balonmano coral donde la táctica colectiva prima sobre las individualidades. Las rotaciones constantes mantienen la frescura física del equipo hasta el minuto sesenta. En 2018, en Croacia, España rompe su maldición europea. Vence a Suecia por 29-23 en una segunda parte primorosa donde la defensa 5-1, con el avanzado presionando la circulación, asfixia el ataque escandinavo. Dos años después, en el Europeo de 2020 celebrado conjuntamente en Suecia, Austria y Noruega, revalidan el título. La final contra Croacia (22-20) se decide por detalles mínimos. En los minutos calientes, Álex Dujshebaev asume toda la responsabilidad. Su capacidad para penetrar y soltar el brazo en apoyo rompe los esquemas defensivos balcánicos, asegurando el oro.

Esta etapa de dominio europeo convive con la eterna barrera de los Juegos Olímpicos. El oro olímpico se resiste con una terquedad pasmosa. La selección masculina suma cinco bronces (Atlanta 1996, Sídney 2000, Pekín 2008, Tokio 2020 y París 2024). Las semifinales olímpicas representan un muro psicológico cruel. En París 2024, tras perder el acceso a la gran final, el equipo logra rehacerse anímicamente para vencer a Eslovenia (23-22). Aleix Gómez ejecuta los penaltis con frialdad de cirujano. Ganar el partido por el tercer puesto exige una dureza mental que muy pocos grupos poseen, demostrando el carácter indomable de esta plantilla.

Las Guerreras: medallas que cambiaron la historia

El recorrido del balonmano español en categoría femenina exige muchísimo mayor reconocimiento público. Durante décadas, las jugadoras pelean contra la falta de profesionalización real y la indiferencia mediática absoluta. El punto de inflexión llega en el Campeonato de Europa de Macedonia 2008. El equipo dirigido por Jorge Dueñas se cuelga la medalla de plata tras plantar cara a las potencias nórdicas. Nace el sobrenombre de las Guerreras, un apodo que define a la perfección su espíritu de lucha en la pista.

El metal europeo inyecta una autoestima vital. En el Mundial de Brasil 2011 logran el bronce batiendo a Dinamarca. El clímax absoluto de esta generación llega en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. El partido por el tercer puesto contra Corea del Sur se resuelve en una doble prórroga agónica (31-29). Macarena Aguilar dirige el ataque con un ritmo frenético, rompiendo cinturas con sus fintas. Marta Mangué percute con una potencia incontrolable. Eli Pinedo define con precisión milimétrica desde el extremo izquierdo. Supone la primera medalla olímpica para las mujeres de este deporte. Siete años después, en el Mundial de Japón 2019, alcanzan la final bajo las órdenes de Carlos Viver. Pierden la medalla de oro ante Países Bajos (30-29) por un polémico penalti pitado a Ainhoa Hernández con el tiempo cumplido, convertido por Lois Abbingh. El inmenso dolor de esa derrota cruel no borra la magnitud de la gesta nipona.

Silvia Navarro, la eterna portera valenciana, merece un capítulo propio en los libros de texto. Con apenas 1,67 metros de estatura, domina la portería gracias a una intuición felina. Ver a Navarro detener lanzamientos a bocajarro estirando la pierna hasta el larguero justifica pagar el precio íntegro de cualquier entrada. El talento de esta generación choca frontalmente con una realidad triste. La liga femenina española carece del músculo financiero de las competiciones francesa, rumana o húngara. Resulta inaceptable que las mejores jugadoras nacionales tengan que emigrar continuamente para ganarse la vida dignamente. El desarrollo estructural de la competición doméstica es una urgencia que no admite más retrasos si queremos que los Hispanos y las Guerreras mantengan este altísimo nivel de exigencia en la próxima década.

Los clubes en Europa y su monopolio de títulos

El ecosistema de clubes españoles ejerce un dominio brutal en la Copa de Europa durante casi tres décadas. El FC Barcelona ostenta el récord absoluto de la EHF Champions League con 12 coronas en su vitrina. La duodécima llega en junio de 2024, tras superar al Aalborg danés por 31-30 en la Final Four del majestuoso Lanxess Arena de Colonia. El equipo catalán impone una tiranía competitiva cimentada en la solidez de porteros como Emil Nielsen y la explosividad de Dika Mem en el lateral derecho. Carlos Ortega consigue prolongar el legado ganador que iniciara Valero Rivera y continuara Xavi Pascual.

Durante la década de los 2000, el BM Ciudad Real construye un proyecto faraónico capaz de mirar a los ojos al gigante blaugrana. El pabellón Quijote Arena se transforma en un feudo inexpugnable. Bajo la batuta de Talant Dujshebaev en el banquillo, el equipo manchego conquista tres títulos de la máxima competición europea (2006, 2008, 2009). Jugadores como Arpad Sterbik, Jonas Källman, Rolando Uríos y Didier Dinart forman una plantilla legendaria. Otros equipos como el Portland San Antonio de Jackson Richardson y Mateo Garralda también tocan la gloria europea en 2001. La desaparición del club manchego por problemas económicos en 2013, previo paso fugaz por Madrid, deja una herida profunda en los aficionados puristas.

Para visualizar la magnitud de los logros internacionales, basta con revisar todos los títulos de España en un formato estructurado.

Competición Sede y Año Medalla Categoría
Campeonato del Mundo Túnez 2005 Oro Masculina
Campeonato del Mundo España 2013 Oro Masculina
Campeonato de Europa Croacia 2018 Oro Masculina
Campeonato de Europa Suecia / Austria / Noruega 2020 Oro Masculina
Juegos Olímpicos Londres 2012 Bronce Femenina
Campeonato del Mundo Japón 2019 Plata Femenina

En el presente, la Liga Asobal sufre las graves consecuencias de la polarización económica. Ningún equipo nacional puede toserle al Barcelona en el torneo regular. La falta de rivalidad interna perjudica gravemente el producto televisivo y vacía los pabellones históricos de ciudades que respiraban este deporte. El ecosistema sobrevive gracias al trabajo incansable de las canteras y a entrenadores de base que forman talento táctico de primerísimo nivel. Pese a las fugas constantes de jugadores a ligas foráneas más ricas como la Bundesliga o la liga polaca, la escuela española de técnicos exporta su método ganador a todo el mundo. ¿Cuánto tiempo podrá aguantar el sistema produciendo campeones si los clubes locales viven constantemente al borde de la asfixia financiera?

Preguntas frecuentes

¿Cuántos Mundiales tiene la selección masculina de balonmano?

España cuenta con dos Campeonatos del Mundo en categoría masculina. El primero lo consigue en Túnez 2005 al derrotar a Croacia. El segundo llega en 2013, jugando como anfitrión, tras aplastar a Dinamarca en la final disputada en el Palau Sant Jordi de Barcelona.

¿Qué medallas olímpicas tiene España en balonmano masculino?

El equipo nacional masculino posee cinco medallas de bronce en los Juegos Olímpicos. Los metales se logran en las ediciones de Atlanta 1996, Sídney 2000, Pekín 2008, Tokio 2020 y París 2024. El acceso a la final olímpica sigue siendo la gran asignatura pendiente del combinado nacional.

¿Cuándo ganaron su medalla olímpica las Guerreras?

La selección femenina obtiene su única medalla olímpica hasta la fecha en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Las jugadoras se cuelgan el bronce tras vencer a Corea del Sur por 31-29 en un partido dramático que requiere dos prórrogas para resolverse.

¿Qué club español tiene más títulos de la EHF Champions League?

El FC Barcelona es el club más laureado de la historia de la competición, con 12 títulos de la Copa de Europa o Liga de Campeones. Su victoria más reciente se produce en junio de 2024 frente al Aalborg danés.

¿Quién es el jugador con más partidos en la selección española?

Raúl Entrerríos ostenta el récord de internacionalidades absolutas con 294 partidos disputados. El central asturiano debuta en 2003 y se retira del equipo nacional tras los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, liderando a la selección durante casi dos décadas.

¿Qué pasó con el Balonmano Ciudad Real?

El BM Ciudad Real, uno de los clubes más potentes de Europa en la década de los 2000, desaparece por problemas económicos. En 2011 traslada su sede a Madrid bajo el nombre de BM Atlético de Madrid, pero la entidad se disuelve definitivamente en el verano de 2013 debido a sus elevadas deudas.

¿Cuál es la mayor goleada en una final de un Mundial de balonmano?

La mayor diferencia en una final mundialista la consigue España en 2013. El equipo dirigido por Valero Rivera derrota a Dinamarca por 35-19. Esos 16 goles de ventaja marcan un récord histórico en los partidos por el título de la Federación Internacional de Balonmano (IHF).

¿Dónde juega sus partidos como local la selección española?

A diferencia de otros deportes, las selecciones nacionales de balonmano no disponen de una sede fija. La Real Federación Española de Balonmano rota los partidos oficiales y amistosos por diferentes pabellones del territorio nacional para fomentar la afición en todas las provincias.

Sellos de oro: España campeona

Ver la cronología completa
  1. 1992 Juegos de Barcelona
  2. 2006 Mundial de baloncesto
  3. 2008 Eurocopa
  4. 2010 Mundial de fútbol
  5. 2012 Eurocopa
  6. 2013 Mundial de balonmano
  7. 2019 Mundial de baloncesto
  8. 2023 Mundial femenino
  9. 2024 Eurocopa
  10. 2026 Mundial de fútbol