SportSpanish SportSpanish El álbum del deporte español
Edición 2026 · Vol. I

Ilustración basada en una fotografía de Jack de Nijs for Anefo (CC BY-SA 3.0 nl), vía Wikimedia Commons.

Cromo Nº 024

Cromo Nº 024

Federico Martín Bahamontes

Alejandro Federico Martín Bahamontes transformó las cumbres francesas en su patio de recreo. Conquistó el Tour de 1959 y se coronó seis veces rey de la montaña.

Deporte
Ciclismo
Nacimiento
Santo Domingo-Caudilla (Toledo), 9 de julio de 1928 (fallecido en 2023)
Época
1953-1965
Títulos clave
Primer español en ganar el Tour (1959)

La forja del águila

18 de julio de 1959. El velódromo del Parque de los Príncipes ruge ante la llegada de un pelotón exhausto. Un ciclista toledano, alto y de pómulos afilados, enfundado en el maillot amarillo, da la vuelta de honor definitiva. Alejandro Federico Martín Bahamontes acaba de lograr lo imposible. Nacido el 9 de julio de 1928 en la pequeña localidad de Val de Santo Domingo, su familia se trasladó pronto a Toledo huyendo de las penurias agrícolas, aunque el hambre de la posguerra marcaría a fuego su carácter y forjaría su físico esbelto, perfecto para desafiar la gravedad.

Trabajaba duro. Antes de conocer la gloria deportiva, repartía verduras y frutas por las empinadas cuestas de la ciudad imperial, lo que le valió su primer apodo, «El Lechuga», mucho antes de que un periodista francés lo bautizara con un nombre más fiero y duradero. Su primera bicicleta fue una pesada herramienta de supervivencia que utilizaba para hacer estraperlo de harina y legumbres. Recorría decenas de kilómetros diarios cargando sacos enormes, un entrenamiento encubierto que fortaleció sus piernas de forma natural y le enseñó a sufrir sobre los pedales. Compró su primera bicicleta de paseo por apenas treinta duros, una fortuna para la época, y se curtió en el taller del antiguo ídolo ciclista local Moisés Alonso, quien le enseñó los secretos de la mecánica y le animó a competir en carreras provinciales.

Su primera participación en la Grande Boucle en 1954 fue una declaración de intenciones. Ganó el premio de la montaña en su debut, dejando boquiabiertos a los expertos galos que no entendían cómo aquel joven enjuto podía mover multiplicaciones tan duras con tanta agilidad. La leyenda del Águila acababa de despegar.

Una carrera hacia las cumbres

Entre 1954 y 1965, el toledano construyó una trayectoria deportiva marcada por el ataque constante. Si tú hubieras estado en las cunetas de los Alpes o los Pirineos en aquella época, habrías presenciado el pedaleo eléctrico de un escalador puro que trituraba a sus rivales en las rampas más duras sin mirar atrás. Su complexión física le permitía danzar sobre la bicicleta con una facilidad insultante mientras los demás corredores se retorcían de dolor intentando mantener su rueda.

Al principio, su única obsesión era coronar los puertos en primera posición, desentendiéndose por completo de la clasificación general. Ganar la etapa no le importaba tanto como cruzar el primero por la pancarta de la montaña. Su talento natural era tan abrumador que requirió la intervención de una figura externa para encauzarlo. Bahamontes invitó a Fausto Coppi, el gran mito del ciclismo italiano, a cazar por los montes de Toledo. Escopeta en mano, Coppi le exigió que dejara de conformarse con ser un simple animador de las etapas de montaña para asaltar el triunfo definitivo en París. Bahamontes escuchó el consejo.

Su irrupción cambió por completo el ciclismo español, sacándolo del aislamiento internacional y demostrando que los corredores nacionales podían reinar más allá de sus fronteras. Era un genio excéntrico. Creía firmemente que el espectáculo heroico de la escalada valía más que el cálculo frío de los minutos, una mentalidad valiente y necesaria que generó amores incondicionales entre los aficionados y encarnizadas rivalidades internas. La rivalidad con el corredor vasco Jesús Loroño trascendió lo meramente deportivo y se convirtió en un asunto nacional. El seleccionador Luis Puig tenía que hacer malabares para mantener la paz en el equipo. España entera se dividía entre «bahamontistas» y «loroñistas», debatiendo acaloradamente en los bares sobre quién de los dos merecía ostentar la jefatura de filas.

Los títulos de un pionero

Las vitrinas de este corredor acumularon setenta y cuatro victorias como profesional. Venció. Su triunfo absoluto en el Tour de Francia de 1959 allanó el camino para los campeones que llegarían décadas después, como Miguel Induráin o el madrileño Alberto Contador, quienes aprendieron que el maillot amarillo no era una quimera inalcanzable para los ciclistas ibéricos. Aquel año de 1959 superó a las grandes figuras francesas de la época, como Jacques Anquetil y Henry Anglade, cimentando su victoria en una cronoescalada antológica al Puy de Dôme y defendiendo su renta con inteligencia en las etapas llanas.

Sumado a su victoria en 1959, el toledano demostró una consistencia asombrosa en la madurez de su carrera. Subió al podio de París en otras dos ocasiones: fue segundo en la edición de 1963, cediendo únicamente ante un intratable Anquetil, y tercero en 1964, escoltando al propio Anquetil y a Raymond Poulidor en una de las fotos más recordadas del ciclismo clásico.

Nadie escalaba como él. El propio Tour de Francia, a través de un panel de expertos organizado por el diario L’Équipe en 2013, lo reconoció oficialmente como el mejor escalador de su historia, por delante de mitos posteriores como Richard Virenque o Marco Pantani.

Competición Año Logro
Tour de Francia 1959 Ganador de la Clasificación General
Tour de Francia 1954, 1958, 1959, 1962, 1963, 1964 Clasificación de la Montaña (6 veces)
Giro de Italia 1956 Clasificación de la Montaña
Vuelta a España 1957, 1958 Clasificación de la Montaña (2 veces)
Campeonato de España 1958 Campeón en Ruta

Su dominio en las alturas queda patente en un dato abrumador que define su carrera: fue el primer ciclista en la historia capaz de adjudicarse el premio de la montaña en las tres grandes vueltas por etapas, un triplete que muy pocos corredores han logrado igualar desde entonces.

El mito y la leyenda

Bahamontes trascendió el puro resultado deportivo por su personalidad arrolladora y sus imprevisibles huidas hacia adelante. La historia más célebre de su biografía ocurrió el 26 de julio de 1954 durante el durísimo ascenso al Col de la Romeyère. Atacó sin piedad. Rompió varios radios de su rueda trasera por culpa de una piedra que saltó al paso del coche del equipo suizo, lo que le obligó a coronar la cima en solitario pero con una bicicleta totalmente ingobernable para afrontar el peligroso descenso.

Con catorce minutos de ventaja sobre el pelotón, decidió sentarse a esperar al coche de asistencia español que conducía el histórico Julián Berrendero. Hacía un calor asfixiante. Vio un carrito ambulante cerca de la carretera y compró un helado de dos bolas de vainilla para mitigar la sed. La prensa francesa de la época, asombrada por la escena, interpretó el gesto como un acto de soberbia suprema frente a sus rivales, pero él siempre defendió con vehemencia que solo respondía a una necesidad mecánica combinada con el agotamiento térmico.

A diferencia de otros deportistas de su generación que cayeron en el olvido, Bahamontes supo gestionar su fama con inteligencia. Tras retirarse en 1965, regentó una tienda de bicicletas y ciclomotores en Toledo y organizó la Vuelta a Toledo durante medio siglo, manteniendo vivo su vínculo con el asfalto. Se convirtió en un habitual de las salidas y llegadas de la Vuelta a España, donde los aficionados más jóvenes, que jamás le vieron correr en directo, le pedían autógrafos con absoluta devoción. Le encantaba contar sus batallas, siempre adornadas con ese toque de exageración tan propio de los grandes narradores orales.

Falleció el 8 de agosto de 2023 en Valladolid a los noventa y cinco años, dejando un vacío inmenso en la memoria colectiva. Hoy, quien pasea por el Miradero de Toledo se topa con una espectacular escultura de bronce a tamaño real donde el Águila sigue levantado sobre los pedales, tensando la cadena, esperando a que alguien intente seguir su indomable rueda.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos Tour de Francia ganó Federico Martín Bahamontes?

Logró la victoria en la clasificación general del Tour de Francia en una única ocasión, en el año 1959. Fue el primer español en conseguir este hito deportivo.

¿Por qué le llamaban el Águila de Toledo?

El apodo nació gracias a su extraordinaria facilidad para escalar montañas y dejar atrás a sus rivales con un pedaleo ligero, sumado a su profunda vinculación vital con la ciudad de Toledo.

¿Qué ocurrió con Bahamontes y el helado en el Tour de 1954?

Durante la ascensión al Col de la Romeyère rompió varios radios de su bicicleta. Al llegar a la cima con amplia ventaja, tuvo que esperar al coche de asistencia para cambiar la rueda y aprovechó para comprar un helado de vainilla a un vendedor ambulante para mitigar el sofocante calor.

¿Cuántas veces ganó el premio de la montaña del Tour de Francia?

Se coronó rey de la montaña en seis ocasiones: 1954, 1958, 1959, 1962, 1963 y 1964. Este récord se mantuvo vigente durante décadas hasta que fue superado mucho tiempo después.

¿Cuándo falleció Federico Martín Bahamontes?

Murió el 8 de agosto de 2023 en Valladolid a los 95 años de edad. Sus restos descansan en Toledo, ciudad que le rindió un multitudinario homenaje póstumo.