Ilustración basada en una fotografía de Bill Mitchell (Attribution), vía Wikimedia Commons.
Cromo Nº 003
Arantxa Sánchez Vicario
Conocida como el moscardón por su tenacidad en la pista, fue la primera tenista de España en liderar el ranking mundial y ganar en París.
- Deporte
- Tenis
- Nacimiento
- Barcelona, 18 de diciembre de 1971
- Época
- 1985-2002
- Títulos clave
- 4 Grand Slam individuales
Los inicios en la tierra batida
El 10 de junio de 1989, la pista central de Roland Garros guardaba un silencio tenso. Steffi Graf servía para ganar el partido con 5-3 en el tercer set de la final. Al otro lado de la red, una adolescente barcelonesa de 17 años se negaba a entregar el trofeo. Corrió a por cada bola, rompió el saque de la alemana y encadenó cuatro juegos consecutivos para levantar la copa Suzanne Lenglen. Aquella tarde nació la leyenda.
Nacida en Barcelona el 18 de diciembre de 1971, la menor de los hermanos Sánchez Vicario creció rodeada de raquetas y botes de pelotas en un entorno puramente competitivo. Siguiendo la estela de Emilio y Javier, quienes ya labraban sus propios caminos en los torneos masculinos, se formó en las pistas de polvo de ladrillo del Real Club de Tenis Barcelona. Su irrupción profesional se produjo en el año 1985 y su época dorada abarcó un extenso periodo competitivo hasta 2002. En sus primeros compases, el tenis español buscaba referentes femeninos de peso internacional tras los pasos dados por Lili Álvarez muchas décadas atrás.
Su estilo de juego carecía de una potencia arrolladora desde el fondo de la pista. Se basaba en una agilidad de piernas superlativa y una capacidad mental de hierro para devolver siempre un golpe más, desgastando a las rivales hasta llevarlas al límite físico y psicológico. Esa virtud táctica se pulió a base de horas bajo el sol mediterráneo, aprendiendo a deslizarse por la tierra batida con una naturalidad pasmosa. Las dejadas, los globos defensivos y los ángulos cerrados compensaban con creces su menor envergadura frente a las grandes pegadoras europeas y estadounidenses.
La carrera hacia la cima
La década de los noventa fue el escenario de sus mayores batallas deportivas y de su madurez competitiva. Se midió de forma constante con gigantes del calibre de Monica Seles y Gabriela Sabatini, forjando rivalidades que atraían a multitudes a las gradas de los estadios. El año 1994 marcó su plenitud absoluta sobre la pista. Ganó su segundo torneo de París al derrotar a la francesa Mary Pierce y conquistó el rápido asfalto de Nueva York en el US Open, venciendo de nuevo a Graf en un partido memorable a tres sets.
La rivalidad que mantuvo con la jugadora alemana definió gran parte de la historia deportiva de aquellos años. Uno de los episodios más recordados tuvo lugar en la final de Wimbledon de 1995. Aquel partido histórico ofreció a los espectadores un undécimo juego en el tercer set que duró más de veinte minutos, con treinta y dos puntos disputados y trece deuces eternos. Aunque la victoria final cayó del lado germano, la entrega de la barcelonesa sobre la hierba londinense arrancó una ovación cerrada del público británico. Fue un choque de estilos perfecto: la elegancia ofensiva frente a la resistencia inagotable.
Pocos meses antes de esa final inglesa tocó el cielo de este deporte. El 6 de febrero de 1995 alcanzó el ansiado número uno del ranking WTA, una posición que retuvo durante doce semanas para orgullo del deporte nacional. Simultáneamente, llegó a liderar la clasificación mundial de dobles, una disciplina donde exhibía unos reflejos eléctricos en la red y una compenetración perfecta con sus compañeras. Formando pareja con diferentes jugadoras, sumó otros seis trofeos de Grand Slam en categoría de dobles femeninos y cuatro más en la modalidad de dobles mixtos.
Su nivel de exigencia resultaba brutal. Si repasas los vídeos de sus partidos de la época, notarás rápidamente que convertía la defensa extrema en su arma ofensiva más letal. No había bola inalcanzable para ella. Las contrincantes debían ganar el mismo punto tres o cuatro veces para sumar en el marcador, lo que provocaba un aluvión de errores no forzados fruto de la pura desesperación.
Los títulos y el dominio en el circuito
La sala de trofeos de esta competidora acumula galardones en absolutamente todas las superficies del circuito internacional. Alcanzó dos finales consecutivas en Wimbledon (1995 y 1996), demostrando su versatilidad lejos de la arcilla. Su tercer y último título en Roland Garros, logrado en 1998, guarda un significado emocional muy especial. Llegó a París sin la etiqueta de máxima favorita, superando en la final a una Monica Seles que venía de sufrir la pérdida de su padre pocas semanas antes. Tras sellar la victoria, la española demostró una empatía gigantesca al dedicar sus primeras palabras de campeona a consolar a su rival.
La aportación a los éxitos colectivos de su país no tiene parangón en el deporte femenino. En los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 compitió bajo una presión mediática asfixiante. Jugaba en casa, en las pistas que la vieron crecer, y respondió a las expectativas colgándose la medalla de bronce en el cuadro individual tras ceder ante Jennifer Capriati en semifinales, y la de plata en dobles. Cuatro años más tarde, en Atlanta 1996, mejoró sus prestaciones individuales alcanzando la final, donde sumó una valiosísima plata. Ese mismo año repitió en el podio de dobles con otro bronce.
La Copa Federación fue otra de sus grandes pasiones. Capitaneadas por Pancho Alvariño primero y Miguel Margets después, las españolas instauraron una auténtica dictadura en la competición por equipos. La imagen de Arantxa y Conchita celebrando victorias a domicilio, abrazadas y envueltas en la bandera nacional, se convirtió en una estampa habitual en los noticieros deportivos. Ellas solas bastaban para intimidar a potencias históricas como Estados Unidos o Australia.
| Competición | Mejor resultado individual | Años de las finales |
|---|---|---|
| Roland Garros | Campeona (3) | 1989, 1994, 1998 |
| US Open | Campeona (1) | 1994 |
| Open de Australia | Finalista (2) | 1994, 1995 |
| Wimbledon | Finalista (2) | 1995, 1996 |
| Juegos Olímpicos | Plata y Bronce | 1996 (Plata), 1992 (Bronce) |
Dentro de este álbum virtual de SportSpanish, su cromo representa el pundonor competitivo en su máxima expresión. Ganó un total de 29 títulos individuales de la WTA a lo largo de su extensa trayectoria, además de 69 torneos en la modalidad de dobles.
Por qué es una leyenda de la raqueta
Su figura trasciende las frías estadísticas por la actitud indomable que mostraba cada vez que pisaba la cancha. La prensa deportiva internacional la bautizó como el moscardón porque resultaba del todo imposible quitarse de encima su presencia constante durante los peloteos largos. La tenista catalana devolvía bolas que otras profesionales daban por perdidas desde el primer instante. Esa resiliencia obligó a cambiar la forma de plantear los partidos femeninos, exigiendo una preparación física mucho mayor al resto del vestuario. Su estilo defensivo fue el más efectivo de su generación.
Junto a su exigencia física, popularizó un gesto técnico muy particular. Se guardaba la segunda pelota del saque en un portapelotas enganchado a la falda, en lugar de usar los clásicos bolsillos o pedirla al recogepelotas. Era un ritual minucioso que repetía antes de cada servicio, acompañado de un característico resoplido y la mirada clavada en el cuadrado de saque rival. Cada manía, cada grito de ánimo y cada carrera desesperada hacia la red construyeron un personaje magnético para las retransmisiones televisivas en todo el planeta.
El legado de Arantxa va mucho más allá de las copas acumuladas en sus vitrinas personales. Esa tenacidad extrema sentó las bases anímicas para los éxitos de las generaciones posteriores. Cuesta entender la garra característica de Rafael Nadal o la intensidad innegociable de Carlos Alcaraz sin el precedente directo de esta pionera incombustible. Ella demostró que la persistencia vence al talento puro cuando la mente se niega a aceptar la derrota como una opción viable.
Su fortaleza mental resultaba inquebrantable. Finalizó su carrera oficial a finales de 2002, dejando atrás un palmarés envidiable y un respeto unánime por parte de compañeras y rivales. Tras alejarse de los grandes focos, las crónicas deportivas siguieron recordando pequeños detalles que reflejaban su amor por el deporte que le dio todo en la vida. Cuando ganó su primer título en París, la marca que la patrocinaba le regaló un pequeño perro de la raza yorkshire terrier como recompensa por su inesperada hazaña en la pista central. Fiel a la tierra batida que la había encumbrado ante los ojos de todo el mundo, la jugadora decidió llamar a su mascota Roland.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos Grand Slams ganó Arantxa Sánchez Vicario?
Conquistó cuatro títulos de Grand Slam en categoría individual: tres en Roland Garros (1989, 1994 y 1998) y uno en el US Open (1994). A estos trofeos hay que sumar seis coronas más en dobles femeninos y cuatro en dobles mixtos.
¿Cuándo alcanzó el número uno del ranking mundial?
Llegó a lo más alto de la clasificación de la WTA el 6 de febrero de 1995. Retuvo esa posición de privilegio durante doce semanas consecutivas, superando en la tabla a la alemana Steffi Graf.
¿Cuántas medallas olímpicas tiene?
Ganó cuatro medallas olímpicas para España. En Barcelona 1992 se colgó el bronce en individuales y la plata en dobles, mientras que en Atlanta 1996 obtuvo la plata individual y el bronce en dobles, siempre formando pareja con Conchita Martínez.
¿A qué edad ganó su primer Roland Garros?
Tenía 17 años y medio cuando derrotó a Steffi Graf en la final de 1989. Esa victoria la convirtió en la jugadora más joven en ganar el torneo parisino hasta ese momento, un récord que más tarde superaría Monica Seles.
¿Cuándo se retiró del tenis profesional?
Anunció su retirada oficial del circuito a finales del año 2002. Regresó temporalmente a las pistas en 2004 para competir en algunos torneos de dobles y en los Juegos Olímpicos de Atenas, cerrando allí su trayectoria deportiva.