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ANAR

¡VICTORIA EN EL MARATÓN DE CHAVES!

“Actuar de forma improvisada, decidir “precipitadamente” acorde a lo que dictaba mi corazón, de nuevo volvió a dar un resultado inesperado,

“Actuar de forma improvisada, decidir “precipitadamente” acorde a lo que dictaba mi corazón, de nuevo volvió a dar un resultado inesperado, una tremenda e inolvidable experiencia pero sobretodo otra impagable lección de vida”.

¡Otra más!

Muuuuy buenas amigos, ¡¡YA LA TENEMOS!!
Aquí os dejo una pequeña crónica de mi última competición, el maratón que disputé en Portugal el pasado fin de semana. Espero que os guste y os animéis a comentarla, compartirla o simplemente disfrutarla con tanta ilusión como yo he intentado transmitirla. De nuevo ¡GRACIAS, vuestro apoyo es el pilar básico para todo esto sea posible!

Crónica de una aventura improvisada

El modo en que surgió esta “improvisada” aventura fue extremadamente rápido, como la vida misma. Apenas unos días antes de la competición hablando con Joan Oliveira (poseedor del récord portugués de 24h y organizador de la competición), se me  brindó esta oportunidad “irrechazable” para un soñador y apasionado de todo lo que se refiere a VIVIR experiencias a través de una pasión como la mía.

Por ello, mi mente, en un abrir y cerrar de ojos se ilusionó perdidamente, y cuando eso sucede… todo lo demás queda en un segundo plano. Cualquier circunstancia se torna positiva, todo vienen rodado y las cosas comienzan a suceder fácilmente, como en un feliz sueño.

Es cierto que debido a la gran carga física que acumulaba en las últimas semanas de entrenamiento con la planificación especifica que estoy llevando a cabo junto al míster de @mircasport, Fabián Campanini, era un tanto arriesgado disputar este maratón tan próximo.

Sobretodo si quería tener la garantía que siempre buscamos, la de disfrutar al máximo de cada segundo de la competición teniendo claro que no habrá riesgo de lesión o contratiempo físico para poder continuar al día siguiente disfrutando de esta maravillosa pasión y preparación que tenemos entre manos y estamos llevando a cabo “minuciosamente”.

Es decir, tratar de no acabar derrotado/destrozado física o mentalmente tras la prueba, simplemente cruzar la línea de meta con una brillante sonrisa de quien ama lo que hace, “fresco” y con ganas de más, mucho más.

Quizás, en cierto modo esto significa “sacrificar” hacer mejores marcas, pero en estos momentos esta es la absoluta prioridad para mí.

Es por esto que los últimos días de la semana hicimos todo lo posible por poder estar en la línea de salida con las máximas garantías, improvisando y modificando detalladamente algunos aspectos qie garantizaran de nuevo poder vivir algo inolvidable y conseguir “conquistar” otro país de felicidad.

Finalmente lo planteamos de forma. Este maratón nos serviría como la típica tirada larga del fin de semana que solemos realizar últimamente, aprovechándolo además para probar nuevas variantes pre-competición, durante y post-competición, (alimentación, nuevas “rutinas”, recuperación…).

¡A por la aventura!

Para confirmar mi presencia a Joao en su evento, el miércoles por la tarde, en box55 ( Pablo, David, Alex) revisaron mi estado físico y, pese a la fatiga evidente de estos días pasados, decidimos ir de lleno a por otra prometedora experiencia.

Estaba seguro de que no fallaríamos en lo más importante, vivir intensamente otro fin de semana de deporte, pasión y alegría en este nuevo destino, Portugal.

Con esta absoluta confianza y certeza en que todo saldría bien partí junto a la mejor acompañante posible a por ello, mi querida abuela. Tras un largo viaje de 9h sin apenas descanso por carretera, llegamos.


[Estábamos cansados pero paradójicamente con las pilas cargadas al máximo de esa “sensación” que por más que busque no encuentro forma de describirla pero que, sin duda, tengo claro que es la gasolina indispensable que necesitamos cada uno de nosotros para VIVIR, alcanzar nuestros sueños y ser realmente felices, muchos la llaman ilusión].
Vimos hasta el último rincón de la ciudad durante la tarde del viernes y tras unas pocas horas de sueño amaneció, el sol comenzó a brillar para brindarnos un prometedor sábado.


Sonó el despertador, lo apagué al instante y de un salto me levanté de la cama. Fui a mirarme al espejo y mis ojos brillaban apasionadamente de emoción y deseo por vivir otro fantástico día.
[Simplemente el hecho de despertar, me parece algo totalmente maravilloso que día a día tenemos la fortuna de atesorar y pienso que todos deberíamos valorar mucho mas este “bendito” hecho que, tristemente, un día acabará y ser conscientes realmente de ello para poder exprimir cada instante de nuestras vidas, sin temor a nada y dispuestos a TODO.
El poder valorar, poseer y sentir esta sensación tal vez “infantil” y de completa inocencia casi diariamente, me tienen totalmente enamorado de la vida].
Desayuné un par de tostadas de aceite y sal, un buen plato de arroz con algo de caldo de la noche anterior mezclado con un gran plátano y algo de leche de arroz.
Me vestí con mi camiseta talismán de 42krunning, una garantía de confort y sobretodo de sentimiento a mi proyecto solidario “CREANDO SONRISAS”, me calcé de nuevo las Adidas Adizero Boston 6, cargué mi avituallamiento de Maurten en la mochila (esta vez iba a probar el formato Drink Mix 320) y junto a mi querida abuela partimos hacia el lugar de salida.
Eran las 7:30 de la mañana y la carrera comenzaba a las 9:30 junto al precioso río Támega, a unos 2km de donde nos encontrábamos hospedados en pleno centro de la ciudad de Chaves, por ello decidimos ir tranquilamente andando, dando un paseo por sus antiguas y preciosas calles mientras conversábamos y disfrutábamos de la belleza y el entorno que nos rodeaba.
Al llegar nos dijeron que la prueba era a las 9. Esto hizo que tuviera que cambiar alguna de mis “rutinas” pre-competición habituales. Soy extremadamente metódico, por lo que estos cambios, por pequeños que sean me resultan un pequeño contratiempo, pero como siempre, no habría problema en “improvisar” y modificar lo pensado hasta el inicio de carrera.
Pese a haber hecho un buen desayuno hacía apenas unas horas tenía un hambre voraz (cómo no) así que tras recoger el dorsal y conocer a Joan fuimos al bar más cercano. Allí tomé un café con algunos jugosos dátiles y serenamente observando a mi abuela y su increíble felicidad acabé de ordenar mis pensamientos, confirmar mi “estrategia” y mentalizarme de lo que iba a acontecer en unos minutos.
Fui al baño, hablé con otro de mis talismanes, mi amigo Pablo Estarlich, fue algo parecido a los momentos previos de mi última competición en Alemania. Esto me trajo unos recuerdos y sensaciones brutales, lo cual acabó por desbordar mi motivación.
Estaba relajado, tanto, que al mirar el reloj, el tiempo se me había echado encima y al salir del bar apenas quedaban 10′ para la salida.
No importaba, haría algo de movilidad articular, unos estiramientos activos y “calentaría” durante los primeros km de la competición, ya que al ser una prueba enfocada a un entrenamiento de calidad sin ningún objetivo de tiempo no iba a salir a darlo todo desde el inicio.
Tal vez esto no era lo más idóneo pero en esta situación prefería llegar totalmente relajado a la salida que demasiado estresado por tener que hacer rápidamente un gran calentamiento. La media hora que se adelantó la competición hizo que tomara esta decisión.
Besé a mi abuela y nos sonreímos mutuamente. Fui a la línea de salida. Saludé a los demás competidores y pronto focalicé mi mente en la carrera. Tenía claro que un buen ritmo a llevar sería en torno a 4 el kilómetro para sentirme cómodo, y así arranqué.
Se dio el pistoletazo de salida y comenzó otra inolvidable carrera.
Hacía un día despejado, el sol brillaba intensamente y pese al gran calor que producía merecía la pena disfrutar de su potente luz mientras iluminaba nuestras sonoras zancadas por aquel idílico y bello paisaje que nos rodeaba.


Era un circuito de poco más de 7km rodeando el río Támega, al cual había que dar 6 vueltas. El terreno era muy variado, con adoquines, tramos de camino de tierra compacta, asfalto, carril bici… en cierto modo era entretenido. También había un par de puentes que cruzaban el río de un lado a otro y un pequeño tramo por el cual pasábamos por una especie de “mini” ciudad en donde había un pequeño restaurante, por el cual en cada vuelta que pasaba me venía una “maligna” tentación de meterme y devorar los ricos platos que mi mente imaginaba que estarían cocinando. Era gracioso, pues no dejaba de pensar en esto.
Los primeros kilómetros fueron más o menos según lo previsto, sobre un ritmo de 3’55”-50”. A partir de ahí mi cuerpo se soltó y comenzó a acelerar hasta poner una “cómoda” velocidad de crucero  entorno a 3’43”-45”) todos los kilómetros.
Era alucinante, iba a este ritmo sin sentir fatiga y encontrándome “fresco” pese a los chorros y chorros de sudor que derramaba por la intensa humedad y calor del ambiente.
Era consciente que esta no era la idea, pero la sensación era inmejorable por lo que decidí aguantar este ritmo hasta que comenzase a notar cierta fatiga y me costara mantener el ritmo. Sorprendentemente los kilómetros pasaban, cada 15-20’ bebía agua o tomaba Maurten en su versión Drink 320 (la energía el doble concentrada que en el Drink 160). Llevaba 15 kilómetros y continuaba igual. Pensé ponerme la siguiente meta: mantener este ritmo hasta la 1/2 maratón. Al adelantar a algunos corredores sentía su energía positiva con cada grito de ánimo, eso me dio fuerzas para no bajar el ritmo y mantenerme concentrado. Al ser un circuito y vernos constantemente hizo que la carrera fuera realmente familiar y bonita. Llegué a la 1/2 maratón con uno tiempo de 1h18’ largos encontrándome de maravilla, estaba asombrado, ¿Cuándo comenzaría a sentir la fatiga de las últimas semanas de carga?
Realmente esto en carrera ni me lo preguntaba, tan solo estaba concentrado en seguir aprendiendo sobre lo que estaba ocurriendo kilómetro a kilómetro, minuto a minuto, sensación a sensación.


Seguía tomando Maurten cada 25-30’ y alguna pastilla de sal. La humedad era alta y estaba realmente empapado.
Creo que la nutrición durante la carrera fue la clave para mantener la energía y sobretodo no fatigarme muscularmente. Todas las variantes que estaba probando y tenía previstas estaban funcionando a la perfección.
Ahora estoy tratando de focalizar toda mi nutrición durante la carrera con la bebida Maurten, pues desde que la tomo creo que es la mejor opción para buscar rendimiento en una competición u entrenamiento para mí, añadiendo por otra parte las sales minerales y alguna que otra opción/alternativa. Realmente me encontraba enérgico y con ganas de correr y exprimir cada baldosa que mis pequeños y soñadores pies pisaban. Me sentía ligero.
[Pienso que estar en buena forma no es sólo cuando se está descansado o físicamente al 100% sino cuando además tus piernas suman y suman kilómetros y tu mente y corazón te piden ansiosamente seguir sumando y no restando para llegar al final]
Honestamente no hay muchos momentos de estos durante el año o una “vida deportiva”, pero estoy convencido que de nosotros mismos se trata de encontrarlos. ( y contra más busquemos, más encontramos).
La cuestión es que así me encontraba y me encuentro últimamente por lo que en esos momentos sólo me dediqué a seguir disfrutando del ritmo que me estaba llevando en volandas hacía la conquista de otro de mis “pequeños y personales retos deportivos”, bajar mi marca personal en Maratón (2h41’), aunque esto no era en absoluto una prioridad para mí.
Iba por el kilómetro 30 y es cuando comencé a planteármelo. Aquí si que tomé la decisión de mantener el ritmo independientemente de las sensaciones que sentía, aunque sorprendentemente seguía sintiéndome realmente fresco. No quise apretar más de lo debido, era consciente de todo y no quería poner en juego mi físico, aunque bajar mi marca personal en estos momentos era un gran y motivador objetivo. Sobre el kilómetro 32-33 bajé un poco el ritmo para beber algo más de lo habitual, cargarme bien de energía y tomar la decisión de no volver a beber mas hasta el final. (suelo hacer esto últimamente, arriesgando quizás deshidratarme en la parte final, pero evitando otros muchos tipos de problemas que creo que son más fáciles que aparezcan en los últimos kilómetros de una competición).

Me sentó bien todo lo que bebí y sobre el kilómetro 34 comencé a apretar, veía kilómetros por debajo de 3:40, esto mantenía mi motivación por las nubes.
Era consciente de que lo lograría, pero no quería hacerlo a cualquier precio, por lo que cada zancada y pisada la llevaba controlada al detalle.
Pasé por línea de meta, ¡Me quedaba una vuelta!
“¡Vamos Iván, vamos!” gritaba mi querida abuela. Esto me emocionó e hizo que acelerase y tratase de dar la vuelta más rápida de todas, y así fue. Literalmente volé, ( para mí humilde nivel ), y acabé los últimos kilómetros en 3:36 y 3:31 con los últimos metros a sprint para poder cortar por primera vez en mi vida la cinta de campeón en un maratón en poco mas de 2h36′.

Me pusieron la medalla y comenzaron a “lloverme” abrazos, besos, palabras realmente bonitas. Me hicieron sentir increíblemente grande, y eso es algo impagable. Mi abuela emocionada vino con una tremenda sonrisa, sin duda esto fue mi mayor logro y premio en esta aventura.
Recuperé rápidamente bebiendome todo lo que tenía preparado y comiendo cantidades ingentes de fruta fresca. Todos los allí presentes se asombraban de mi rutina tan detallada de recuperación y me preguntaban de qué se trataba, al contarle lo simple que era, sonreían. Fue un placer compartir ideas y conocer otras formas de ver todo lo que rodea esta pasión.
Marisa Pires y Fernanda Carneiro, de “Pires Photography” nos hicieron unas preciosas fotos en el río y por diversos lugares cercanos. Al acabar cogí una silla y la puse junto a un gran árbol, allí se sentó mi abuela y yo me tumbé al en el césped de al lado con las piernas en alto apoyando mis piernas en el grueso tronco.
¡Qué sensación de felicidad, no cabíamos de alegría en nuestros cuerpos!
Al cabo de unos minutos fui a ducharme y al salir se celebró la ceremonia de premios con un ambiente tremendamente alegre, desenfadado y feliz.
Me sentí abrumado ante el tremendo respeto y cariño que mostraron hacía mi y mi abuela.


Subí a mi abuela al podium, sus ojos brillaban y mi corazón se desbordaba de amor. Fue maravilloso.


Cogimos las cosas, nos despedimos de todos, “ojalá que nos volvamos a ver” comentábamos, y fuimos a desalojar el hostal antes de que se hiciera la hora que teníamos acordada con Tiago, el magnífico y amable casero.
Arrancanmos la furgoneta sobre las 16:00 para poner rumbo a casa, un largo viaje sin descanso nos esperaba, pero de nuevo el haber tenido el valor de escuchar al corazón y decidir venir aquí para vivir todo esto, indudablemente había merecido la pena, nos llevábamos una inolvidable e impagable experiencia en la maleta de nuestros sueños, otra imborrable “cicatriz” de felicidad tatuada en lo más profundo de nuestra alma.

“A veces se trata de disfrutar de nuestra pasión, darlo todo sin temor a ser felices y conquistar nuestros “imposibles”. Derribar las barreras establecidas.
A veces cuando menos te lo esperas las circunstancias dejan de ser un impedimento y se convierten en oportunidades que no quieres dejar escapar. A veces cuando lo das todo día a día, las cosas fluyen, los sueños se cumplen y todo lo que te rodea parece conspirar para hacerte vivir experiencias inolvidables, momentos de eterna felicidad. Al final hay un punto de inflexión en tu vida en el cual decides dejar de luchar contra la corriente e ir a favor de ella, relajado, sonriendo, dejando que te lleve a donde quiera, porque sabes que tu destino está escrito, simplemente te queda descubrirlo”.

Y por supuesto destacar el apoyo de mis sponsors,
¡Seguimos alcanzando sueños juntos!

@Mircasport
@Floresmari
@42krunning
@Presonatur
@Maurten_official
@Rotulosaeroluz
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– Instagram: @ivanpenalbalopez
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#Creandosonrisas.

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